Está navegando en la edición del Domingo 14 de Agosto del 2011. Para volver a la versión actual presione aquí.

Mosaico

CONTRAPUNTEO: Cantinflas

ARIEL BARRÍA ALVARADO///YO OPINO ASÍ

14/08/2011 - Confieso que ver las películas del inmortal Mario Moreno me produce una particular nostalgia, y la certeza de que hemos cambiado demasiado en muy poco tiempo. En ese entonces nos dejábamos convencer por esas propuestas de humor blanco del cine y la televisión, que hoy son impensables en un marco donde lo descarnado, lo soez, lo lúbrico, son ingredientes fundamentales en cualquier propuesta destinada a hacernos reír. Y dudo mucho de que en ese cambio hayamos salido ganando.

Cantinflas, con su inusitada y chispeante verborrea, estableció un género como actor, a la vez que representaba, más que al “pelado” mexicano, al hombre de abajo, que con maña y astucia se sobrepone a los obstáculos y vence, a menudo dejando en feo a los tiranos y a los tiranuelos.

En el marco de una sociedad que a cada paso te dice quién puede y quién no, sus filmes eran la oportunidad de un desquite poético que se escenificaba en la intimidad de una sala de cine, que propiciaba el convencimiento de que eso podía ser real.

Por otro lado, a Cantinflas lo hace grande su arraigo popular, su genio a la hora de interpretar caracteres que, desde su particularidad, eran también una mezcla de muchos elementos distintivos del hombre común.

Ese talento innato lo hacía descollar aun con guiones flojos, previsibles y en no pocas ocasiones inverosímiles, pues el espectador no iba a ver el desarrollo de una historia en la que participaba Cantinflas: iba a ver a Cantinflas.

En todo ser humano impera un miedo innato a ser intrascendente, a pasar por la vida sin dejar una mínima huella; nuestro éxito, o nuestro fracaso, muchas veces se mide a partir de esa premisa. En el caso de Cantinflas, su éxito está doblemente asegurado: obtuvo reconocimiento en el ámbito amplio de su generación, y además marcó nuestro vocabulario con un par de palabras que sirven ahora para escarnecer a los que, hablando como él pero sin su gracia, nos enredan la vida con palabrerías.

El autor es escritor y catedrático de lengua, literatura y semiótica

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

EDICIONES ANTERIORES